
Por fin salgo al ruedo, despues de tres meses de vida nocturna apenas nula, de forma fortuita me pongo en contacto con un grupo de españoles. Me comentan que están en una residencia y que me anime a salir con ellos por la noche (esto sonaría bastante raro sí no estuviesemos en Londres), el hecho de que se junten con gente de otras residencias me anima más, así que quedo con ellos por la tarde. Ya se sabe que cuando un grupo de españoles dice que quedan para tomar unas cañitas no es exactamente eso, en el primer pub estuvimos varias horas bebiendo pintas, algunos empezaron a comportarse como si estuvieran en un chiringuito playero:
-"Chsssss, niñaaaaaa, ¡otra!"
Mientras un gallego la recriminaba que no le hiciese caso:
-"Oye, ¿no me entiendes?, que me pongas una cerveza, ¡carayo!.
Le dijimos que lo intentase pidiéndola en inglés, cuando vuelve con su preciado trofeo se me queda mirando y muy seriamente me dice.
"Tio, ¿tu estas seguro de que vás a poder seguir nuestro ritmo?, mira que yo tengo 23 años y tú yá tienes 31..."Para matarlo.
-"Se hará lo que se pueda..."
Bien bebidos nos fuimos a THE VERVE en Leicester Square y despues de ser cacheados cruzamos la pista para dirigirnos a la barra, gran parte del camino lo pasé pidiendo disculpas ya que delante de mi iban dos que no paraban de decir burradas a las chicas y por sí no se les entendía bien ya se encargaba un tercero de explicarselo con gestos...
En la barra delimitamos nuestro territorio, solamente permitimos la invasión a un par de armarios roperos que muy amablemente y despues de un excuse me, me ayudaron a ver de cerca la decoración del local (ó dices excuse me ó empujas, pero las dos cosas... no).
Despues de cansarnos de tener que subir a la planta de arriba para pedir cerveza, ya que en la de abajo no tenían grifo, empezamos a pedir copas, y por sí esto fuera poco, de vez en cuando aparecía una camarera con sendas botellas en las manos y un cinturon lleno de vasos de chupitos (previo pago, of course), nos hicimos fuertes en la pista, ó al menos eso decía alguno. La realidad era que estabamos en un rinconcillo, pero el poder movernos era yá todo un logro.
Escaneando la pista establecí contacto visual con una morenaza que me miraba... despues de sonreirla ví que a su lado tenía un negro de dos metros que hacía lo mismo (vale, tenía dos problemas, sí le gusto a la tía, me mata el negro, y sí le gusto al negro...), así que opte por cambiar de presa. Las opciones más cercanas eran dos inglesas que debian ser catadoras oficiales de Guinness, por que cuando bailaban lo hacían con retorno, esto es, movian los hombros y cinco segundos más tarde lo hacia su tremenda barriga. Cuando nos quisimos dar cuenta yá estaba el gallego entre las dos bailando como un loco:
-"Oye, pero veniros para acá, que muy mal se nos tiene que dar la noche..."
-"Pero Oscar, tio, ¿tú las has visto?"
-"¿Y que?, yo aquí no vine a enamorarme" . Caso perdido.
Cuando me gire tenía justo delante a la morena bailando con una amiga y poco a poco se iba acercando de espaldas mientras la amiga se descojonaba. La situación era un poco tensa por que el negro seguia en su sitio mirandonos... y se agravo más cuando empezaron a bailar en plan númerito lesbico, la morena saca su camara y empiezan a hacerse fotos, es entonces cuando aparece Carlos, un tio de Alicante, las coje la cámara y dice que se den un beso... a lo que ellas sin cortarse un pelo responde con un filetazo que provoca que a alguno casí se le caiga la copa, despues le quitan la cámara y mirando al gallego le dicen que ahora ellos dos, lo peor de todo es que el gallego estaba dispuesto.
Viendo que no había nada que hacer, decidí subir arriba a pedirme algo y ver como estaba el ambiente, despues de convencer a la camarera de que una persona puede pedir un Jack Daniels solo y una pinta de Guinness y seguir en el mismo espacio-tiempo (veridico, te puedes beber doscientas pintas seguidas y la camarera no inmutarse, pero como la pidas dos cosas a la vez se le pruduce una especie de cortocircuito en el cerebro), pagué con tarjeta y una zorrita que tenía al lado vió el número secreto, al rato se me acerca y me pregunta que sí soy australiano susurrandome al oido, a pesar del escalofrio que esto me produce, puedo cambiar de sitio el tarjetero y meterlo en el bolsillo delantero del pantalon, mientras me agarra una mano suavemente, la otra pasa de mi cintura a mi bolsillo trasero..., despues de dejarla hacer, y aprovecharme un poco, la dije que la tarjeta estaba en el bolsillo delantero, y sin dejar de sonreirme me dice.
-"¿Me invitas a una copa?"
-"¿Me vás a cobrar por acostarte conmigo?
Oye, pues fué decirla eso y ofenderse..., que sensibilidad tienen algunas.