viernes, 15 de febrero de 2008

Me mudo.


Por fin tengo un cobijo definitivo, ¿la parte mala?... que pago un pastón y encima me toco los huevos a dos manos, ¡¡que coño, español de España!!, la verdad es que tengo que buscar un trabajo que no me quite tiempo de ir al gym, tomarme mis pintas, ir de compras, confraternizar con las feminas de diferentes culturas... ¡y no lo encuentro, oiga!. La convivencia con mis nuevos compañeros de piso es bastante buena, de hecho el canis lupus hispanico vestido de cordero a entrado en el gallinero sin muchas dificultades. Tan sencillo como ir a los medios, enseñarles la muleta y ellos solitos han hecho el resto..., frases como:

-"Qué dificil es vivir lejos de casa...", ó "me encuentro tan a gusto con vosotros que sois como mi familia en Londres...", esta, por supuesto despues de bebernos unas botellitas de Ribera del Duero.

Así que despues de cuatro cumplidos y otros tantos piropos, estos hombrecillos al día siguiente me habían hecho el desayuno... muy bien, nos vamos entendiendo.

Una de las cosas buenas que tiene la semana es que siempre sabes que en algún momento llega el viernes, y está no podía ser una excepción, ahí estaba como un clavo, despues del jueves... (os juro que no me he fumado nada), nos cambiamos y empezamos tomando unas cervezas y unas copas en casa, a eso de las once llamamos a un taxi y nos fuimos al centro, llegamos al club y está hasta arriba, nos vamos a otro a Camden y es demasiado pronto, volvemos al primero (como me joden los indecisos), el caso es que según volviamos en otro taxi, yá no puedo más y le digo al hombre que pare un momento que las chicas se tienen que bajar a comprar whisky (es que a partir de las once de la noche no pueden vender alcohol en las tiendas, pero sí paras en un tugurio de indios salidorros...), así que fuimos en el taxi preparandonos unos copazos como señores.

Cuando llegamos, ibamos con un punto considerable, cacheo en la puerta, diez libras de entrada... y música a toda ostia, conversación con las feminas... imposible salvo en la barra (que gran santuario), pido la copa y despues de descojonarme de semejante ridiculez la digo a la camarera que me ponga otras dos de lo mismo por que estoy en la pista, me dice que sí son para mi todas, respondo solo con un gesto... yá solo tengo dos.

Cuando vuelvo a la pista, estos se están poniendo morados a pastillas, ¡ole tus huevos campeón!, sí te entendía poco antes, verás ahora..., a medida que transcurre la noche, el efecto va llegando a su punto culmen y este es que uno de los polacos se está abrazando a unos desconocidos mientras baila y la francesa está en el suelo sentada hablando con uno que esta dormido... me vuelvo a la barra. A mi regreso no están, oh sorpresa, en plenitud de su ciego, se han vuelto a casa..., no os preocupeís, mañana es sabado...

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